Desde el principio no estuve de
acuerdo con que Matías dirigiera al equipo; siempre creí que no estaba
capacitado pero era una apuesta fuerte en un momento delicado y había que
bancarla. Seguí estando en desacuerdo con el correr de los partidos cuando
nunca pudo encontrar el equipo; ya no era una cuestión
de impaciencia sino de lógica. Un campeonato de treinta y ocho fechas
era mucho tiempo para no progresar. Sesenta partidos es muchísimo más.
Matías
nunca pudo aprender de sus errores y lo pagó caro. Quemó a todo juvenil
que pasó por el plantel; traicionó a Fer y al Chori; se sometió a la soberbia
de DAP y no pudo armar el plantel de jerarquía que una vez dijo pretender;
perdió inexplicablemente la Copa Argentina; no supo elevar el nivel de ningún
jugador y empeoró el de otros tantos; ni hablar del desempeño futbolístico del
plantel. Los números no fueron realmente desastrosos pero el balance tampoco es positivo.
Esperé con ansias este momento pero
nunca voy a juzgarlo como referente del River que todos amamos y hoy siento una
profunda tristeza por él. Lejos de alegrarme, sólo me
produce un resto de alivio porque creo que va a ser lo mejor. Con un
mínimo de inteligencia, pudo haberse ido en las circunstancias adecuadas y salir
por la “puerta grande” pero ahora es uno más en la lista de los vapuleados por
DAP.
No es una sorpresa el manejo del
Presidente de nuestra Institución para con el Pelado. Su -negro- historial lo avala. A Daniel no le importa nada ni nadie más que
él. Su ineptitud y su soberbia son tan responsables del pobre presente
de River como lo fue el nefasto de Aguilar. No era necesaria esta salida
apresurada de Almeyda a dos fechas de terminar el torneo pero a Danielito le
gusta así, a los tumbos y sin rumbo. Egoísta.
Mañana va a asumir interinamente Gustavo Zapata, actualmente DT de la Reserva, pero aún no se sabe si dirigirá vs. Lanús. Lo cierto es que el futuro de River es completamente incierto
¿Daniel jugará su mejor carta política llamando a Ramón o seguirá apostando a otros de sus soldaditos? ¿Acaso el riojano será la solución a los problemas que nos aquejan o el Millo seguirá rondando cerca de los fantasmas de abajo?
La novela recién empieza y mañana todo puede cambiar. Por lo pronto, muchachos,
no pierdan la esperanza.
Buena suerte, Matías. Hasta luego.
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