martes, 24 de abril de 2012

Un príncipe rojo y blanco






Veintinueve años atrás, un 24 de abril de 1983, Enzo Francescoli vestía la Banda por primera vez. Sería la primera de sus 235 veces. Gracias por tanta magia, Príncipe. Eternamente gracias. 

domingo, 22 de abril de 2012

Un peso menos, un paso más

Y por fin llegó la Gloria... riverplatense. Esperábamos esta fecha como si fuera una final de porque, de alguna manera, todos los partidos que quedan son una final. Llegó la Gloria a casa y tuvo que volverse a Córdoba con las manos vacías. River fue más que Instituto en todos los sectores de la cancha y se quedó con los tres puntos de un partido fundamental para seguir peleando en zona de ascenso directo.

River jugó a lo River y por eso fue más. Tuvo individualidades y tuvo juego colectivo; presionó de mitad de cancha para adelante; recuperó la pelota; los delanteros jugaron juntos y se incorporaron en el circuito; tuvo personalidad y carácter; corrió, metió, buscó y asfixió a su rival para no dejarlo jugar; respiró y, sobre todo, estuvo vivo durante noventa minutos. River jugó a ser River. River ganó y ganó bien porque jugó bien.  

Hace tiempo que no veíamos un partido de estas características y mucho más que no ganábamos un partido “importante”. River cumplió y superó las expectativas. River mereció ganar y lo hizo. River tenía que ganar y lo hizo. Hasta el momento, el equipo de Matías no había perdido con ninguno de los candidatos al ascenso pero tampoco había ganado y eso era una cuenta pendiente. Ayer la saldó.

Lejanos parecían aquellos tiempos en los que veíamos a River tocar y jugar lindo a la pelota, ganar siendo mucho más que el rival que tenía en frente, justificando toda la grandeza que le debemos a este grato nombre. Ayer esos tiempos estuvieron mucho más cerca. El equipo rindió como tenía que hacerlo y la hinchada lo reflejó en cada rincón de las tribunas. La Banda fue una fiesta adentro y afuera de la cancha. La gente también lo merecía.

Qué tranquilidad, River Plate. Qué tranquilidad que me da saber qué se puede jugar así, que hay plantel, que hay potencial, que hay ganas. Ojalá podamos ver este tipo de partidos todos los fines de semana. A lo largo de la historia del club, River nos enseñó que no es lo mismo ganar jugando bien que ganar jugando mal. No da igual. El resultado me da alegría pero el desempeño me da tranquilidad. Siento que nos sacamos un peso de encima. Un peso menos, un paso más. 

viernes, 20 de abril de 2012

La Banda que aguanta

Nos enseñó a aguantar hasta el final, en las buenas y en las malas, cuando juega bien y cuando juega mal. Nos enseñó a comprometernos con el amor por los colores en contra de todos y todos. Nos enseñó a llevar con orgullo una banda roja que nos cruza el alma y por eso somos La Banda que aguanta.

martes, 17 de abril de 2012

No aclara ni oscurece

Después de un fin de semana de estudio e ibupirac, vuelvo a las pistas a charlar un poco de River y de la vida. El sábado iba a ir a la cancha porque no tenía partido pero volví a tener fiebre sobre la hora y el plan se frustró. Taza taza, un té y a seguir leyendo hasta que se haga la hora de ver a la Banda

El último partido fue un dolor de ojos y de alma. ¿Qué se esperaba de River en esta nueva fecha? Al menos, que gane. Fue un encuentro trabado ya que Huracán se paró bien para no dejar que River juegue por las bandas y a los delanteros les costó encontrarse con la pelota. Ninguno ofreció mucho pero, en algunos momentos del primer tiempo, Huracán fue más. 

Mucho se había hablado en la semana sobre quiénes debían conformar la delantera del equipo, la titularidad ¿obligada? de David y el funcionamiento del famoso Tridente. Finalmente, Matías decidió volver al viejo 4-4-2 y David debió quedarse afuera hasta los primeros minutos del segundo tiempo. El Tridente volvió al juego y, parece, esta vez funcionó. Otra vez las dudas y ahora a pensar en Instituto.

En el segundo tiempo, la cosa cambió un poco. Entró Trezeguet y Cirigliano tuvo la mejor noche de los once que estaban en cancha. Con la llegada del gol, el equipo de Matías mostró un poco más y logró liquidar el partido con un gol del Gordo, quien rompió su mala racha para llegar a las 90 anotaciones con la casaca millonaria. River jugó mal pero ganó, ¿cuánto vale eso en este momento?

No me gusta opinar sobre fútbol porque no considero saber lo necesario. Sin embargo, quiero detenerme en lo que mencioné antes: jugar mal pero ganar. ¿Sirve en este momento? ¿Es lo que espera el hincha? ¿Es una deshonra a la historia de River? ¿Cómo debemos afrontar los próximos encuentros? La historia riverplatense exige no sólo el triunfo sino también el estilo pero no me da miedo decir que, hoy por hoy, ganar sirve de cualquier modo. 

La realidad es esta: no sirve de nada ganarle a Instituto el próximo sábado, si los próximos partidos  perdemos puntos de una manera estúpida, como contra Atlanta. Quedan nueve finales y hay que ganar cada una de ellas para alcanzar el objetivo: volver a Primera. Así como no es tiempo de pensar en refuerzos o renovaciones de contratos, creo que tampoco sirve de mucho encapricharse con pedir un gran fútbol porque eso no se consigue de un día para el otro y está claro que falta mucho.

Creo que el partido contra Huracán no trajo más dudas ni dejó más certezas que antes. Los que estaban jugando mal, lo siguieron haciendo; los que estaban jugando "bien", también. River no conforma ni demuestra demasiado pero en las semanas que siguen hay que ganar o ganar. Como rezaba ese trapo tan polémico que se vio sobre la platea San Martín: "Ascender no es un mérito, es una obligación". Y para ascender, hay que ganar. 

lunes, 9 de abril de 2012

Un baño de realidad


"La única verdad es la realidad" - Aristóteles

Domingo por la tarde en cancha de Vélez. Estamos jugando la fecha 28 del Nacional B y perdemos por la mínima. El rival, Atlanta, nos supera. River no es más que once personas adentro de una cancha sin mucha idea de qué hacer con la pelota. Otra vez los fantasmas del J26. Un nene le dice a su papá que mañana no quiere ir al colegio si River pierde. Debe tener siete años. Me hace llorar. 

Parece una película de terror pero no. Es mi cumpleaños y estoy en Liniers. La platea norte alta está bastante llena pero yo estoy sola; me siento triste porque me hubiera gustado compartirlo con alguien más. Además, me olvidé la campera y estoy pasando mucho frío. Cada vez que tiemblo me acuerdo de Madre diciéndome que no me convenía venir pero qué difícil que es decirle que no a River Plate.

No estaba en mis planes ir porque los cumpleaños son días para estar en familia y con amigos pero en mi casa no había mucho ánimo de festejo. Hacía mucho que no iba a la cancha y moría por ir. Sin insistirme mucho, Sebas me convenció. Me había levantado temprano y todavía cargaba con la noche anterior cuando salí a comprar la entrada a último momento. Cargué nafta y pasadas las tres de la tarde salí rumbo a Capital para encontrarme con mi único amor, la Banda.

Las expectativas no eran altas en cuanto al juego pero teniendo en cuenta el historial de ambos equipos esperaba que el Millo me diera una alegría en mi día. Sin embargo, y más allá del resultado, creo que en -ahora- veintidós años de vida nunca vi a River jugar tan mal. Me sentí tan triste todo el tiempo que estuve ahí que ni cantando mis canciones preferidas pude sonreír. El panorama fue desalentador.

Siento que River es una anarquía. Cuando las figuras no aparecen, no hay quien dirija el juego. Matías no propone un esquema claro y sigue errando los cambios como Rogelio al arco. Cometemos faltas innecesarias por falencias defensivas que nos cuestan un jugador y desaprovechamos hasta los penales que inventan los árbitros. Un error tras otro y nadie pareciera reaccionar. La concha de tu madre, Passarella, nos llevaste al infierno.

El partido de anoche fue un fiel reflejo de lo que está pasando en el club. Hace seis meses le ganamos por seis goles de diferencia a un equipo que no tiene nada y ahora nos gana por la mínima pero jugando mejor. Creo que no hay mejor radiografía de la realidad que esa. Hoy pareciera que cualquiera viene a hacernos partido, a reírse en nuestras caras y a cantarnos ole-ole como si fuésemos un equipito de barrio. Lamentablemente, si seguimos jugando así, cualquiera puede hacernos partido.

El resultado todavía me está retumbando en la cabeza pero lo que más me duele es ver tanta inacción ante una crisis tan profunda como la que atravesamos. No jugamos bien, no estamos bien y hay que dejar de decir que sí. Es hora de la autocrítica. A mí sí me importan esos malos resultados y, como leí hoy en tuiter, yo a River lo quiero tanto que hoy me quiero morir.

Lunes por la mañana en la ciudad. Voy paseando mi cara de zombie. Veo muchas similares y no es porque sea temprano. Los conozco, son hinchas del Millo. Decido no prender la radio ni leer el diario porque me hace mal. Faltan diez fechas para que ¿termine? este calvario. Intento esperar lo mejor pero ya es de noche y mi cara sigue igual. La semana va a ser dura y faltan fechas difíciles. Mientras tanto me hago un té y me meto en la cama para curarme del resfrío y de la tristeza que tengo. Vamos los Millo, no le falles a toda tu gente. 

viernes, 6 de abril de 2012

Querido diario

Falta poco para que juegue River y la ansiedad se empieza a notar. Hace mucho que no vengo por acá pero cada tanto ando por allá. Vamos, vamos, Millonario, que tenemos que ganar: Querido diario.