Después de un fin de semana de estudio e ibupirac, vuelvo a las pistas a charlar un poco de River y de la vida. El sábado iba a ir a la cancha porque no tenía partido pero volví a tener fiebre sobre la hora y el plan se frustró. Taza taza, un té y a seguir leyendo hasta que se haga la hora de ver a la Banda.
El último partido fue un dolor de ojos y de alma. ¿Qué se esperaba de River en esta nueva fecha? Al menos, que gane. Fue un encuentro trabado ya que Huracán se paró bien para no dejar que River juegue por las bandas y a los delanteros les costó encontrarse con la pelota. Ninguno ofreció mucho pero, en algunos momentos del primer tiempo, Huracán fue más.
Mucho se había hablado en la semana sobre quiénes debían conformar la delantera del equipo, la titularidad ¿obligada? de David y el funcionamiento del famoso Tridente. Finalmente, Matías decidió volver al viejo 4-4-2 y David debió quedarse afuera hasta los primeros minutos del segundo tiempo. El Tridente volvió al juego y, parece, esta vez funcionó. Otra vez las dudas y ahora a pensar en Instituto.
En el segundo tiempo, la cosa cambió un poco. Entró Trezeguet y Cirigliano tuvo la mejor noche de los once que estaban en cancha. Con la llegada del gol, el equipo de Matías mostró un poco más y logró liquidar el partido con un gol del Gordo, quien rompió su mala racha para llegar a las 90 anotaciones con la casaca millonaria. River jugó mal pero ganó, ¿cuánto vale eso en este momento?
No me gusta opinar sobre fútbol porque no considero saber lo necesario. Sin embargo, quiero detenerme en lo que mencioné antes: jugar mal pero ganar. ¿Sirve en este momento? ¿Es lo que espera el hincha? ¿Es una deshonra a la historia de River? ¿Cómo debemos afrontar los próximos encuentros? La historia riverplatense exige no sólo el triunfo sino también el estilo pero no me da miedo decir que, hoy por hoy, ganar sirve de cualquier modo.
La realidad es esta: no sirve de nada ganarle a Instituto el próximo sábado, si los próximos partidos perdemos puntos de una manera estúpida, como contra Atlanta. Quedan nueve finales y hay que ganar cada una de ellas para alcanzar el objetivo: volver a Primera. Así como no es tiempo de pensar en refuerzos o renovaciones de contratos, creo que tampoco sirve de mucho encapricharse con pedir un gran fútbol porque eso no se consigue de un día para el otro y está claro que falta mucho.
Creo que el partido contra Huracán no trajo más dudas ni dejó más certezas que antes. Los que estaban jugando mal, lo siguieron haciendo; los que estaban jugando "bien", también. River no conforma ni demuestra demasiado pero en las semanas que siguen hay que ganar o ganar. Como rezaba ese trapo tan polémico que se vio sobre la platea San Martín: "Ascender no es un mérito, es una obligación". Y para ascender, hay que ganar.
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