domingo, 4 de diciembre de 2011

El maleficio


No lloraba por River desde el descenso. Después del J26 no volví a llorar por River. Creo que era la impotencia o algo así pero no podía. Paradójicamente, hoy lloré de impotencia. Perder un partido en tiempo de descuento después de haber errado más de diez remates al arco fue tan angustiante que lloré. Cada vez que River se erraba un gol yo perdía una neurona. El ACV es inminente.

El hincha tiene que vivir el partido desde atrás del alambrado o del otro lado de la pantalla. Miramos los partidos y decimos 'El equipo nos necesita' pero estamos ahí afuera, no podemos hacer nada. El hincha no puede entrar al campo de juego (Nota de autor: quiero olvidarme del hincha encapuchado) y poner la cabeza en esa pelota que pasó al lado del palo y no entró. Claro que siente impotencia. Claro que a veces el hincha quiere llorar. Hoy lloré y cada día que River juega en esta categoría quiero hacerlo.

No quiero saber bajo qué clase de maleficio estamos. A veces siento que no es real, que no nos pueden estar pasando todas estas cosas. Tenemos tanta mala suerte que si cayera un meteorito sobre el Monumental, seguro Passarella estaría en su casa. Un partido que estaba metido en el horno, a punto, faltaba armar la presentación del plato con el gol, y perdimos en tiempo de descuento. Ai, Chichito. Ai, River.

Ahora estoy cambiándome para salir pero no estoy pensando qué me voy a poner. Quiero escribir y mi cabeza no para de repetir las imágenes de los goles que no fueron. Si hoy no sueño con Sessa, pega en el palo. Ja.

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