No lloraba por River desde el
descenso. Después del J26 no volví a llorar por River. Creo que era la
impotencia o algo así pero no podía. Paradójicamente, hoy lloré de impotencia. Perder
un partido en tiempo de descuento después de haber errado más de diez remates
al arco fue tan angustiante que lloré. Cada vez que River se erraba un gol yo
perdía una neurona. El ACV es inminente.
El hincha tiene que vivir el
partido desde atrás del alambrado o del otro lado de la pantalla. Miramos los partidos y decimos 'El equipo nos necesita' pero estamos ahí afuera, no podemos hacer nada. El hincha no puede
entrar al campo de juego (Nota de autor: quiero olvidarme del hincha encapuchado) y poner
la cabeza en esa pelota que pasó al lado del palo y no entró. Claro que siente
impotencia. Claro que a veces el hincha quiere llorar. Hoy lloré y cada día que
River juega en esta categoría quiero hacerlo.
No quiero saber bajo qué clase de
maleficio estamos. A veces siento que no es real, que no nos pueden estar pasando todas estas cosas. Tenemos tanta mala suerte que si cayera un meteorito sobre el Monumental, seguro Passarella estaría en su casa. Un partido que estaba metido
en el horno, a punto, faltaba armar la presentación del plato con el gol, y perdimos
en tiempo de descuento. Ai, Chichito. Ai, River.
Ahora estoy cambiándome para
salir pero no estoy pensando qué me voy a poner. Quiero escribir y mi cabeza no para de
repetir las imágenes de los goles que no fueron. Si hoy no sueño con Sessa, pega en el palo. Ja.
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